PNP: LA PLACA Y LA SANGRE ‘LOS NOLE’ : CUANDO LA JUSTICIA LIBERA AL SICARIO Y CONDENA AL POLICÍA:

Este es un Reportaje grande y a todo color – Alerta señores de la DINI .

+ El clan del Callao que convirtió el asesinato en herencia, fue absuelto por los jueces, se
vinculó al crimen transnacional, y regresó a cobrar venganza contra los agentes que
los encerraron y sus familias.

EL PAÍS BAJO EL FUEGO CRIMINAL

El motor de la motocicleta se apaga frente a la esquina. Son las 7:42 a.m. El aire huele a gasolina, a pan recién horneado y a salitre del puerto.
Un hombre baja con el casco puesto. Camina tres pasos. Saca una pistola. Dispara cuatro veces. El cuerpo cae frente a la puerta de un colegio.
Los niños gritan.
Una madre se tira al suelo abrazando a su hija. El sicario vuelve a la moto. El motor ruge. Desaparece.
Nadie limpia la sangre por lo menos no ese día. La sangre se queda ahí, secándose en el asfalto, mientras los
niños entran al aula y aprenden que en el Perú hay dos tipos de personas: los que disparan y los que
caen al suelo.
Ocurrió en el Callao en julio de 2025. Un integrante de la banda ‘Los Nole’ fue asesinado frente a dos colegios en pleno horario escolar.
Los niños vieron el cuerpo. La policía llegó tarde,
como casi siempre.
Y el barrio siguió. Porque en el Callao, la muerte es un trámite más.
Esta escena no es una excepción.
Es la regla de un país donde el crimen organizado dicta las
condiciones.
Del 1 de enero al 12 de mayo de 2025, la PNP registró 1.204 homicidios. Si pusiéramos esos cuerpos en fila, la caravana de muertos cruzaría la distancia entre Tumbes y Tacna. Son 1.204 familias que no volvieron a cenar juntas. Son 1.204 expedientes que se acumulan en fiscalías desbordadas. Y mientras el Congreso debate cuestiones de procedimiento, el Perú entierra a ocho personas por día.
La tasa de homicidios oscila entre 6 y 8 por cada 100.000 habitantes (INEI, UNODC).
La extorsión crece como una metástasis: entre 2022 y 2025 las denuncias se han multiplicado en Lima y Callao.
En el Callao, una familia hizo del sicariato su oficio. La policía los capturó. Los jueces los
liberaron. Y los agentes que los metieron presos aprendieron a dormir con un arma bajo la
almohada, mientras sus hijos eran seguidos a la salida del colegio.
Hoy, el legado de Los Nole se entrelaza con organizaciones transnacionales como el Tren de Aragua y el ciclo de
impunidad sigue cobrando vidas.
Más del 80% de los peruanos se siente inseguro en su propia ciudad (INEI, Latinobarómetro).
El BID calcula que la violencia devora entre el 3% y el 5% del PIB regional.
En el Perú, eso significa miles de millones de soles que no se invierten en escuelas ni hospitales, sino en seguridad privada, rejas, cámaras y miedo.
El mapa criminal se distribuye así:

– Lima y Callao: epicentro del sicariato y la extorsión.
El puerto del Callao, con sus grúas oxidadas y
sus contenedores que huelen a cocaína, es el nodo estratégico del narcotráfico hacia EEUU y Europa. (UNODC, InSight Crime).

– Norte costero y Lima Norte (La Libertad, Lambayeque, Piura, Tumbes, Comas):
Bandas como
Los Pulpos, Los Gatilleros del Norte y Los Injertos del Cono Norte operan con sicariato y secuestro.

– Sur y selva:
Narcotráfico en el VRAEM, minería ilegal en Madre de Dios, trata de personas en
zonas de frontera.

En este ecosistema, las bandas no son pandillas:
son empresas criminales con jerarquía, división del trabajo y capacidad de reinversión.
Cuando el Estado las golpea, se transforman. No desaparecen. Se
reorganizan como células de un cáncer que aprendió a resistir la quimioterapia.

LOS NOLE:
EL CLAN QUE CONVIRTIÓ LA SANGRE EN HERENCIA

– El origen
El Callao no es un distrito más. Es el puerto principal del Perú, la boca por donde respira la economía
legal y por donde sangra la ilegal. En sus barrios más pobres —Loreto, Castilla, Puerto Nuevo— el mar
huele a óxido y a orina. Las casas son de adobe y ladrillo sin pintar. Los cables de luz cuelgan como
tripas de un animal abierto. Según datos del INEI, estas zonas presentan índices elevados de pobreza,
deserción escolar y hacinamiento.
En ese contexto nació el Clan Nole.
La agencia estatal Andina los bautizó en el 2008 como ‘Los
sicarios del Llauca’, también conocidos como: Los Feroces de Loreto’.
La banda estaba integrada por miembros de la familia Nole y sus ramificaciones, lo que le daba su carácter de clan criminal.
Aquí conviene entender la economía de la muerte.
Un niño en Loreto o Castilla crece viendo a sus vecinos con motos nuevas, zapatillas de marca y dinero fácil. Su padre, si tiene suerte, gana un sueldo mínimo trabajando en el puerto o como vigilante. El sicario de la esquina, que no pasó de sexto grado
de primaria, gana en una semana lo que su padre gana en tres meses. La banda no es una opción: es
la única industria que contrata sin pedir certificado de estudios ni antecedentes policiales.
A los 12 años, un niño ya puede hacer ‘trabajos’ de ‘campana’ (vigilante). A los 14, ya puede manejar la moto. A los 16, ya puede apretar el gatillo. El Estado no le ofrece una escuela con techo ni un profesor que no falte. La banda le ofrece una familia, una identidad y un arma.

– La estructura de Los Nole

Los líderes eran los hermanos José y Charly (Charlie) Castillo Nole.
Bajo su mando, la banda operaba desde los barrios de Loreto y Castilla dedicándose al sicariato por encargo, la extorsión, el asalto y la disputa territorial.

Integrantes:

Jesús Nole Huamán
Óscar Orlando Nole More, alias «Osquitar»
Jesús Gerard Nole Huamán
Jorge Salazar Armestar, alias ‘Pucho’
La estructura era piramidal: los hermanos Castillo Nole daban las órdenes; la familia ejecutaba; una red
de colaboradores proporcionaba información, armas y logística. El modus operandi incluía asesinatos en moto, ataques armados a locales comerciales como forma de extorsión, y ajustes de cuentas contra
bandas rivales.

– El reinado del terror

El caso más emblemático es el asesinato del mecánico ‘Pedrito’, un hombre asesinado por equivocación por sicarios del clan. El crimen se convirtió en símbolo de la violencia indiscriminada de
Los Nole.
La disputa territorial con ‘Los Malditos de Castilla’ convirtió al barrio en un campo de batalla.
Balaceras, ajustes de cuentas y asesinatos selectivos eran cotidianos. Los vecinos vivían con miedo.

– La captura y la puerta giratoria

En el 2008, la captura de José Castillo Nole fue celebrada como un golpe decisivo. La Policía declaró que
había sido «una puñalada al corazón de la banda Los Nole» (Andina).
En el 2010, la Fiscalía pidió 35 años de prisión para Charly y José Castillo Nole (El Popular).
Pero el sistema judicial tenía otros planes.
– Los Nole fueron absueltos del crimen de ‘Pedrito’.
El diario Correo documentó la absolución:
«Impunidad en el Callao: ‘Los Nole’ son absueltos del crimen de Pedrito».

Para el Poder Judicial, la evidencia no fue suficiente. Los sicarios quedaron libres.
No fue un caso aislado. El INPE reporta hacinamiento carcelario superior al 100%. Las cárceles
peruanas son depósitos humanos donde el hacinamiento se usa como argumento para liberar
criminales. Las tasas de absoluciones y vencimiento de plazos en casos de crimen organizado son significativas. Es lo que los expertos llaman ‘la puerta giratoria’:
la policía captura, el juez libera, el criminal regresa. Y cuando regresa, vuelve con sed de venganza.
La bala que mató a Pedrito rebotó en las paredes de la cárcel, esquivó a los jueces que firmaron la
libertad de Los Nole, y años después, encontraría el pecho de un policía que solo intentaba hacer su trabajo.

– La herencia criminal

Los Nole no murieron con las capturas. El clan se transformó. Cortada una cabeza, aparecieron otras.
Ex integrantes del clan pasaron a formar parte de: ‘Los Maras del Callao’ (El Peruano, PNP).
Sus integrantes siguieron siendo detenidos:
Jesús Gerard Nole Huamán fue capturado tras robar a microempresarios de Gamarra; Jesús Nole Huamán fue detenido como parte de ‘Los Raqueteros de Castilla’.
El apellido Nole seguía en las crónicas policiales.
En julio de 2025, un integrante de Los Nole fue asesinado frente a dos colegios. El ciclo no se cerró.
Pero la historia de Los Nole no puede entenderse solo como un fenómeno local.
El Callao, por su condición de puerto, convirtió a las bandas chalacas en eslabones de una cadena que trasciende
fronteras. Y eso cambió todo.

– Los Nole y el crimen transnacional: la conexión extranjera

Hoy, el sicario que cobra la cuota en la bodega de la esquina ya no es solo el primo de los Nole. Es un
muchacho que recibe las órdenes por Telegram desde un búnker en Lima Norte, manejado por un
operador venezolano del Tren de Aragua, y que usa la pistola que cruzó la frontera escondida en un
contenedor de palta. La venganza contra el policía ya no es local. Es una transnacional del odio.

– El Tren de Aragua (Venezuela):

Según investigaciones de InSight Crime y reportes de la PNP y el MININTER, la organización criminal venezolana ha establecido células operativas en el Perú desde
aproximadamente 2020, dedicadas a la extorsión, el secuestro, el sicariato y el control de rutas de narcotráfico.
En el Callao y Lima Norte, estas células han entrado en contacto —ya sea por alianza,
subordinación o disputa— con bandas locales.
Ex integrantes de bandas chalacas como Los Nole han sido identificados como colaboradores o sicarios al servicio de estructuras mayores.

– Bandas ecuatorianas:

Según InSight Crime, la penetración criminal de bandas ecuatorianas (como
Los Choneros, Los Lobos y sus facciones) en el Perú se ha intensificado a través del puerto de Paita (Piura) y las rutas del norte, pero también tiene presencia en el Callao como punto logístico para el envío de droga. Estas organizaciones buscan alianzas con bandas locales para el control territorial y la ejecución de sicariato.

– El modelo de franquicia criminal:

Las bandas locales como Los Nole, Los Malditos de Castilla y Los Maras del Callao no operan en el vacío. Funcionan como células que pueden ser contratadas,
absorbidas o aliadas por organizaciones transnacionales. El sicariato local se convierte en un servicio
tercerizado: la organización extranjera pone el dinero y la orden; la banda local pone los sicarios, las armas y el conocimiento del territorio. El puerto del Callao, con sus grúas, sus contenedores y sus turnos de estiba, es el verdadero jefe de estas bandas.
Los Nole no son ‘monstruos’ aislados: son el síntoma de una economía global de la cocaína que necesita manos locales para ejecutar sus órdenes.

– La evidencia en el caso Los Nole:

Si bien no existe un documento oficial que vincule directamente a
los hermanos Castillo Nole con el Tren de Aragua de forma orgánica, la transformación de sus miembros en estructuras como Los Maras del Callao —que operan en el mismo ecosistema del puerto
donde convergen organizaciones nacionales y extranjeras— sitúa al clan en la órbita del crimen transnacional. La PNP ha documentado que en el Callao, las fronteras entre bandas locales y células extranjeras son porosas sicarios que hoy trabajan para una familia mañana pueden ejecutar órdenes de una organización mayor.

«En el Callao ya no hay bandas puras. Todo está mezclado. El sicario que trabaja para una familia local también puede estar en nómina de una organización extranjera. El dinero no tiene nacionalidad. La bala tampoco».  Fuente de Inteligencia policial del Callao (identidad reservada)

Esta convergencia entre crimen local y transnacional multiplica la capacidad de fuego de las bandas,
dificulta la labor policial y hace que las represalias contra los agentes sean aún más letales:  ya no es
solo una familia la que busca venganza, sino una red con recursos ilimitados.

LA VENGANZA CONTRA LA PLACA: LOS NOMBRES DE LA SANGRE

– Las cifras del horror

Entre 2023 y 2024, 40 policías cayeron en el cumplimiento del deber y pasaron a integrar la Compañía ‘Honor y Gloria’ de la PNP.
Solo en el 2024, la institución registró oficialmente 14 policías fallecidos. Y la tendencia se acelera: en los primeros meses de 2025, al menos 12 suboficiales de la
PNP ya habían sido asesinados.
Cuarenta policías en dos años. Cuarenta uniformes doblados en una caja. Cuarenta familias que
recibieron una bandera y un apretón de manos mientras el Estado les prometía ‘justicia’.
La justicia nunca llegó. Lo que llegó fue la moto.
Pero detrás de cada número hay un apellido, una viuda, niños huérfanos. Y en muchos casos, una historia de venganza.

– Cuando el cazador se convierte en presa

Hay una verdad que pocos peruanos conocen: en el Perú, arrestar o investigar a un criminal puede ser una sentencia de muerte.
Los policías que capturan, investigan y se infiltran en las bandas se convierten en objetivos. Y no solo ellos: sus esposas, sus hijos, sus padres, sus hermanos.
El modus operandi de las represalias es consistente:

– Seguimiento (‘Reglaje’):
Sicarios en moto vigilan al policía y a su familia durante semanas. Mapean sus rutinas, sus horarios, sus rutas.

– Amenazas directas:
Llamadas anónimas, mensajes, notas en la puerta. ‘Sabemos dónde estudian tus hijos». «Deja el caso o los matamos».

– Atentado contra el policía:
Disparos desde motos, emboscadas, ataques en su día de franco o a pocos metros de su hogar.

– Ataques contra familiares:
Asesinatos de hijos, esposas o padres como advertencia.

– Persecución sostenida :
Policías que deben mudar a sus familias, cambiar de identidad, vivir en el anonimato.

EL CASO CARRASCO RAMOS:
El precio de acercarse al Monstruo

EL CASO CARRASCO RAMOS:
EL PRECIO DE ACERCARSE AL ‘MONSTRUO’

La mañana que lo mataron, el suboficial PNP Luis Carrasco Ramos desayunó como todos los días. Café con pan. Su
esposa le planchó el uniforme. Él se miró al espejo, se ajustó la correa, y le dijo a su hija que volvería para la cena. Tenía 55 años. Llevaba más de dos décadas en la institución. Lo llamaban ‘El Cazador’ porque no soltaba una presa hasta tenerla.
Carrasco Ramos no era un policía cualquiera. Era integrante de la Brigada Especial contra la Criminalidad Norte, una unidad de élite dependiente de la Dirincri. Su misión era la más peligrosa de
todas: se había infiltrado en la organización criminal de Erick Moreno Hernández, alias ‘El Monstruo’, el líder de ‘Los Injertos del Cono Norte’.
La organización criminal lo descubrió. Y la respuesta no fue un enfrentamiento, fue una ejecución calculada.
‘El Monstruo’ pagó US$5 mil para que lo asesinaran porque estaba cerca de capturarlo.
Cinco mil dólares.
El precio de la vida de un hombre que dedicó dos décadas a proteger a su país. En el mercado negro del Callao, eso equivale a tres años del sueldo de un suboficial de la PNP. Es la cuota inicial de una casa de adobe en Los Olivos. Es el costo de un sicario en moto, una pistola y una bala. Esa era la tasación de la justicia paralela.
Los sicarios lo ‘reglaron’ y lo asesinaron a pocos metros de su casa, en el distrito de Comas, cuando salía camino a su servicio. No murió en un operativo. No murió en un enfrentamiento. Murió en la puerta de su casa, con el uniforme puesto, camino a trabajar.
Lo mataron como se mata a un perro en la calle:
sin testigos, sin juicio, sin posibilidad de defensa.
El asesinato de Carrasco Ramos no fue un daño colateral. Fue una venganza. Fue el mensaje de ‘El
Monstruo’ a la Dirincri y a toda la PNP: sabemos quién nos investiga, sabemos dónde vive, y podemos llegar a él cuando queramos. Este es el costo real de la infiltración policial en el Perú: el Estado te envía a las entrañas de la bestia, pero cuando la bestia te descubre, la venganza llega a la puerta de tu casa.
La madre del brigadier, doña Justina Ramos, clamó con desesperación: «Que ‘El Monstruo’ sufra como nosotros». Pero el sufrimiento de la familia no terminaría ahí: pidieron garantías para su vida tras conocer los nombres de los implicados. El Estado les dio un papel. El papel no detiene balas.
Mientras tanto, el Ministerio del Interior emitió un comunicado de ‘profundo pesar’ y anunció un operativo de captura. El comunicado tenía tres párrafos. La viuda de Carrasco Ramos tenía tres hijos que alimentar.

– El caso Díaz Chapoñán: 28 años, cuatro disparos y un sospechoso liberado
El Suboficial de 2da PNP Juan Carlos Díaz Chapoñán tenía apenas 28 años cuando lo asesinaron. Ocurrió en agosto de 2025, en el distrito de Los Olivos, mientras cumplía con su deber
durante una intervención policial en la avenida Huandoy. Recibió cuatro disparos que terminaron con su vida.
Pero lo más indignante vino después: la Fiscalía liberó al sospechoso. América TV documentó el caso bajo el titular: «Policía muerto en Los Olivos: Fiscalía liberó a sospechoso».
Otra vez la puerta giratoria. Otra vez el policía muerto y el criminal en la calle. Otra vez el mensaje:
matar a un policía no tiene consecuencias. El caso de Díaz Chapoñán no es una excepción del
ecosistema que crearon bandas como Los Nole: es su consecuencia lógica. Cuando el sistema judicial normaliza la impunidad, el policía deja ser un agente del Estado y se convierte en un objetivo criminal.

– El caso Velázquez Ipanaqué: acribillado cerca de su casa
El suboficial 3a. Angelo Jonatan Velázquez Ipanaqué, de 30 años, había servido en el Escuadrón Verde del Callao antes de ser separado de la unidad. Fue interceptado cerca de su vivienda tras recibir una llamada. Recibió hasta 30 disparos, según informaron medios locales.

Sus verdugos sabían a qué venían: habían estacionado un vehículo horas antes, esperando el momento exacto.
Treinta balas para un hombre de 30 años. Una bala por cada año de vida. La Policía no descartó que el crimen fuera una venganza por su labor policial previa. En el Callao, incluso los ex policías o los policías dados de baja siguen siendo objetivos. El crimen no olvida. El crimen no perdona.

– El jefe policial de Chincha: amenazado junto a su familia y equipo
En abril de 2024, un caso distinto pero igualmente revelador sacudió la provincia de Chincha.
Sicarios enviaron amenazas de muerte directas a un jefe policial de la zona, advirtiéndole que su labor contra el crimen organizado tendría consecuencias. Infobae documentó la respuesta del oficial: «Esto no me va a intimidar».
Pero lo más grave no fue solo la amenaza contra él:
las amenazas alcanzaron también a su familia y a todo su grupo de trabajo en la PNP. El mensaje era claro: no solo te vamos a matar a ti, vamos a ir por todos los que trabajan contigo y por todos los que te quieren.
El policía siguió en su puesto. Pero el miedo quedó instalado en cada uno de sus colaboradores.

EL CRIMEN AMENAZA A 102 COLEGIOS: CUANDO EL CRIMEN ENTRA A LAS AULAS

En agosto de 2025, el Ministerio del Interior confirmó una cifra aterradora: extorsionadores habían amenazado a 102 colegios en el Perú.
Los delincuentes exigían pagos de hasta 20 mil soles a
directores y padres de familia para no atentar contra la integridad de los estudiantes.
En San Juan de Miraflores, en Chepén (La Libertad), en Piura: las amenazas se extendían como una mancha de aceite. Los padres temían enviar a sus hijos al colegio. Los maestros vivían bajo el terror de las llamadas anónimas.
Y si los criminales se atreven a amenazar colegios enteros, ¿qué no harán contra la familia de un
policía que los investiga?

– La anatomía de la huida: crónica de una familia borrada del mapa

Son las 3 am.
La casa está a oscuras. No se puede encender la luz porque los sicarios
vigilan la cuadra. La esposa del policía —llamémosla María, porque su nombre real es una sentencia
de muerte— empaca en silencio. Tres cajas de cartón. Ropa, documentos, las fotos del matrimonio. El uniforme de su esposo queda colgado en el armario. No se lo puede llevar. El uniforme tiene el escudo de la PNP. El escudo es una marca. Una marca que los sicarios saben leer.
Su hijo de 8 años duerme en la cama de al lado. Mañana le dirán que se mudan. Que cambió de trabajo. Que es una oportunidad. No le dirán que el criminal que su papá metió preso salió libre y que ahora sabe dónde viven. No le dirán que no puede volver a su colegio porque ahí lo conocen. No le dirán que no puede tener redes sociales porque una foto con el uniforme escolar delata su ubicación.
No le dirán que su infancia terminó la noche en que su padre hizo su trabajo.
María revisa los espejos retrovisores del auto antes de encenderlo. Lo hace todos los días. Lo hará por el resto de su vida. En la nueva ciudad, en una casa alquilada con un préstamo de la cooperativa, nadie los conoce. Pero María sabe que el anonimato es frágil. Sabe que una llamada basta. Sabe que el sicario no necesita saber tu dirección:
le basta con saber tu nombre.
El Ministerio del Interior emitió un comunicado de ‘profundo pesar’ por el policía caído. El comunicado tenía tres párrafos. Pero el comunicado no paga la terapia psicológica que necesita el hijo de ocho años que ahora se orina en la cama cada vez que escucha el escape de una moto. El comunicado no paga el depósito de la nueva casa en una ciudad donde nadie los conoce. El comunicado no le devuelve al niño la posibilidad de jugar fútbol con sus amigos del barrio. El Estado le dio una bandera doblada y un apretón de manos. María tuvo que pedir un préstamo para sobrevivir.

«Me llamaron a las tres de la mañana. Una voz distorsionada me dijo: ‘Sabemos que tu hijo
estudia en el colegio San José. Sabemos que sale a las dos. Dile a tu marido que deje el caso’.»
— Esposa de un policía que investigó bandas de extorsión en Lima Norte (identidad
reservada)

Su esposo fue trasladado a otra región. Su hijo cambió de colegio.
La familia entera vive bajo el peso del miedo.
El patrón es constante: llamadas anónimas a esposas con amenazas contra los hijos.
Seguimiento a niños a la salida del colegio. Mensajes intimidatorios en las puertas.
Policías que deben mudar a sus familias a otras ciudades.
La Defensoría del Pueblo ha emitido informes sobre policías amenazados, pero los mecanismos de protección son insuficientes. No existe un programa sistemático de protección a familias de policías comparable al de otros países. El policía amenazado debe arreglárselas solo. El Estado le dio una placa y una pistola. No le dio una casa segura, no le dio un psicólogo, no le dio un lugar donde esconder a sus hijos. Le dio un comunicado de ‘profundo pesar’ cuando ya era tarde.

– El caso Los Nole: la venganza como herencia

Lo que hace especialmente grave el caso de Los Nole es la combinación de tres factores que replican el mismo patrón letal:

* La estructura familiar.
Cuando la policía capturaba a uno, los demás sabían quién había sido. El apellido era la marca. La venganza era asunto de familia.

* La liberación.
La absolución en el caso ‘Pedrito’ significó que los criminales regresaron a las calles con el conocimiento de quiénes los habían capturado, investigado y testificado contra ellos.

* La continuidad transnacional.
La transformación en ‘Los Maras’ del Callao y la inserción en redes donde operan organizaciones extranjeras demuestra que la capacidad criminal del clan no solo no se extinguió, sino que se potenció.
Los sicarios seguían disponibles.
Las armas seguían cargadas. La lista de nombres seguía vigente. Y ahora, con más recursos.

«Uno captura al delincuente y a los meses lo ve en la calle, mirándolo a uno con odio. Y uno sabe que ese hombre no olvidó quien lo metió preso. Uno sabe que ese hombre tiene memoria y tiene pistola. Y ahora también tiene contactos»
(Agente que participó en operativos contra bandas del Callao (identidad reservada)

EL CICLO DE IMPUNIDAD

El círculo vicioso tiene cuatro eslabones:

1. La captura y la infiltración.
La policía arriesga su vida. Operativos nocturnos, allanamientos,
infiltraciones en bandas como Los Injertos o Los Nole.

2. La liberación o el descubrimiento.
El sistema judicial libera al criminal (como a Los Nole, absueltos a pesar del pedido fiscal de 35 años), o la banda descubre al infiltrado (como le ocurrió al SO Carrasco Ramos, asesinado por 5 mil dólares).

3. La venganza.
El criminal liberado o descubierto regresa. Sabe quién lo capturó. Sabe dónde vive. Sabe quién tiene hijos. Y ahora puede tener el respaldo de una red transnacional.

4. El miedo policial.
Los agentes viven bajo amenaza. Algunos son trasladados. Otros piden retiro.
Otros, como Luis Carrasco Ramos, Juan Carlos Díaz Chapoñán o Angelo Velázquez Ipanaqué, son asesinados a metros de su hogar o en pleno servicio.
El mensaje es claro: «Si te metes con nosotros, prepárate para pagar las consecuencias.»

«El Estado te manda a capturar al criminal . Te da una pistola y una placa. Pero no te da protección para tu familia. Estás solo . Y cuando el criminal sale libre o cuando te descubre estás más solo todavía. Y cuando ese criminal tiene contactos con organizaciones de afuera, ya no estás solo contra uno, estás solo contra una red»
* Dirigente sindical policial (identidad reservada).

EL COSTO HUMANO

Detrás de las estadísticas hay nombres, rostros, familias. Hay héroes caídos como el SO Carrasco Ramos, cuya viuda y familia ahora cargan con el peso de un sacrificio que el sistema no supo blindar.
Hay jóvenes de 28 años como Díaz Chapoñán, muertos por cumplir con su deber mientras la Fiscalía libera a sus asesinos. Hay agentes de 30 años como Velázquez Ipanaqué, acribillados a 30 balas cerca de su casa.
Hay policías que duermen con el arma bajo la almohada, no por vocación, sino porque saben que los
buscan. Hay esposas que no pueden dormir porque cada ruido de moto les parece un sicario. Hay hijos
que preguntan por qué no pueden salir a jugar al parque. Hay madres que rezan cada noche para que su hijo policía vuelva vivo.
El costo humano no se mide en cifras. Se mide en noches sin dormir, en matrimonios rotos, en niños con traumas, en policías que se suicidan porque no pueden más. Se mide en el silencio de un Estado que manda a sus agentes a la guerra contra el crimen pero no les da armadura para proteger a los
suyos.

LA PREGUNTA QUE NADIE QUIERE HACER

Vuelvo a la esquina del colegio.
La sangre ya se secó. Los niños entraron al aula. El sicario
desapareció. La policía llegó tarde. Y el barrio siguió.
La historia de Los Nole no es solo la historia de una banda del Callao. La historia del SO Luis Carrasco
Ramos no es solo la crónica de un asesinato en Comas. La historia de Juan Carlos Díaz Chapoñán y
Angelo Velázquez Ipanaqué no son solo nombres en una lista de caídos. Son la historia de un país que no ha resuelto la ecuación fundamental:
¿de qué sirve capturar o infiltrar a un criminal si el sistema
lo libera, o si el Estado no puede proteger al agente cuando su identidad es revelada?
Los Nole fueron capturados.
Los Nole fueron liberados. Los Nole regresaron. Se conectaron con redes transnacionales. Se potenciaron. Y los policías que los capturaron siguen mirando por la ventana cada
noche, esperando que no llegue la moto.
La pregunta que nadie quiere hacer es simple y terrible: ¿Cuántos policías más tienen que morir a metros de sus casas, cuántas familias más tienen que vivir con miedo, cuántos criminales más tienen que ser liberados, para que el Estado entienda que la justicia no termina con la captura?
Mientras esa pregunta no tenga respuesta, Los Nole, ‘El Monstruo’ y sus sicarios seguirán existiendo.
Bajo otro nombre, con otro rostro, en otro barrio, al servicio de otra bandera. Porque el crimen
organizado no muere con balas policiales. Muere con justicia y protección.
Y en el Callao, en Lima Norte, en Los Olivos, y en todo el Perú, la justicia y la protección siguen en deuda.
En la esquina del colegio, la sangre ya no se ve.
Pero los niños la recuerdan. Y cuando crezcan, sabrán
que en el Perú hay dos tipos de personas: los que disparan y los que caen al suelo.
El Estado no está. Solo queda el barrio.

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FUENTES

Oficiales: Andina (Agencia Peruana de Noticias), El Peruano (Diario Oficial), PNP/MININTER, INEI,
INPE, Defensoría del Pueblo, UNODC, BID.
Periodísticas: RPP Noticias, Infobae Perú, América TV, Latina Noticias, Trome, Diario Correo, El Popular, Panamericana TV, Exitosa Noticias.
Investigación internacional: InSight Crime (reportes sobre Tren de Aragua en Perú y penetración de bandas ecuatorianas).
Académicas/internacionales: Latinobarómetro, CID-Gallup.

NOTA METODOLÓGICA
Este reportaje fue elaborado con datos de fuentes oficiales (INEI, PNP, MININTER, INPE, Poder
Judicial, Defensoría del Pueblo, UNODC, BID) e investigaciones periodísticas verificadas (RPP
Noticias, Infobae, América TV, Latina Noticias, Trome, Diario Correo, El Popular, Panamericana TV,
Exitosa Noticias, InSight Crime, Andina).
Los datos estadísticos fueron contrastados con al menos dos fuentes independientes.
Los casos del SO PNP Luis Carrasco Ramos, S2 PNP Juan Carlos Díaz
Chapoñán y S3 PNP Angelo Jonatan Velázquez Ipanaqué se basan en reportes de prensa nacional y
comunicados policiales.
La cifra de 40 policías caídos entre 2023 y 2024 proviene del homenaje oficial
de la Compañía «Honor y Gloria» de la PNP. La vinculación entre bandas locales y organizaciones
transnacionales se describe con base en reportes de InSight Crime y fuentes policiales. Los testimonios
marcados como «identidad reservada» corresponden a relatos verificados cuya fuente solicitó
protección por razones de seguridad. La crónica de la familia desplazada (‘María’) es un relato
compuesto basado en múltiples testimonios reales de familias de policías amenazados, documentados
por la Defensoría del Pueblo, sindicatos policiales y reportes de prensa; los detalles geográficos y personales han sido alterados para proteger la identidad de las fuentes.
No se han fabricado cifras ni fuentes oficiales.

Después viene !!!  Oficiales del Ejercito que están desarticulando la criminalidad y mafia en PATAZ  tambien  son víctimas de amenazas de muerte.

Autor: SANDRO

Abogador Constitucionalista y Arbitro de OSCE

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