PNP: LA PLACA Y LA SANGRE ‘LOS NOLE’ : CUANDO LA JUSTICIA LIBERA AL SICARIO Y CONDENA AL POLICÍA:
Este es un Reportaje grande y a todo color – Alerta señores de la DINI . + El clan del Callao que convirtió el asesinato en herencia, fue absuelto por los jueces, se vinculó al crimen transnacional, y regresó a cobrar venganza contra los agentes que los encerraron y sus familias. EL PAÍS BAJO EL FUEGO CRIMINAL El motor de la motocicleta se apaga frente a la esquina. Son las 7:42 a.m. El aire huele a gasolina, a pan recién horneado y a salitre del puerto. Un hombre baja con el casco puesto. Camina tres pasos. Saca una pistola. Dispara cuatro veces. El cuerpo cae frente a la puerta de un colegio. Los niños gritan. Una madre se tira al suelo abrazando a su hija. El sicario vuelve a la moto. El motor ruge. Desaparece. Nadie limpia la sangre por lo menos no ese día. La sangre se queda ahí, secándose en el asfalto, mientras los niños entran al aula y aprenden que en el Perú hay dos tipos de personas: los que disparan y los que caen al suelo. Ocurrió en el Callao en julio de 2025. Un integrante de la banda ‘Los Nole’ fue asesinado frente a dos colegios en pleno horario escolar. Los niños vieron el cuerpo. La policía llegó tarde, como casi siempre. Y el barrio siguió. Porque en el Callao, la muerte es un trámite más. Esta escena no es una excepción. Es la regla de un país donde el crimen organizado dicta las condiciones. Del 1 de enero al 12 de mayo de 2025, la PNP registró 1.204 homicidios. Si pusiéramos esos cuerpos en fila, la caravana de muertos cruzaría la distancia entre Tumbes y Tacna. Son 1.204 familias que no volvieron a cenar juntas. Son 1.204 expedientes que se acumulan en fiscalías desbordadas. Y mientras el Congreso debate cuestiones de procedimiento, el Perú entierra a ocho personas por día. La tasa de homicidios oscila entre 6 y 8 por cada 100.000 habitantes (INEI, UNODC). La extorsión crece como una metástasis: entre 2022 y 2025 las denuncias se han multiplicado en Lima y Callao. En el Callao, una familia hizo del sicariato su oficio. La policía los capturó. Los jueces los liberaron. Y los agentes que los metieron presos aprendieron a dormir con un arma bajo la almohada, mientras sus hijos eran seguidos a la salida del colegio. Hoy, el legado de Los Nole se entrelaza con organizaciones transnacionales como el Tren de Aragua y el ciclo de impunidad sigue cobrando vidas. Más del 80% de los peruanos se siente inseguro en su propia ciudad (INEI, Latinobarómetro). El BID calcula que la violencia devora entre el 3% y el 5% del PIB regional. En el Perú, eso significa miles de millones de soles que no se invierten en escuelas ni hospitales, sino en seguridad privada, rejas, cámaras y miedo. El mapa criminal se distribuye así: – Lima y Callao: epicentro del sicariato y la extorsión. El puerto del Callao, con sus grúas oxidadas y sus contenedores que huelen a cocaína, es el nodo estratégico del narcotráfico hacia EEUU y Europa. (UNODC, InSight Crime). – Norte costero y Lima Norte (La Libertad, Lambayeque, Piura, Tumbes, Comas): Bandas como Los Pulpos, Los Gatilleros del Norte y Los Injertos del Cono Norte operan con sicariato y secuestro. – Sur y selva: Narcotráfico en el VRAEM, minería ilegal en Madre de Dios, trata de personas en zonas de frontera. En este ecosistema, las bandas no son pandillas: son empresas criminales con jerarquía, división del trabajo y capacidad de reinversión. Cuando el Estado las golpea, se transforman. No desaparecen. Se reorganizan como células de un cáncer que aprendió...
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